Tabaco “artesanal” en auge: el mito de lo natural que seduce a adolescentes y preocupa a especialistas
En plazas, fiestas y puertas de boliches, el ritual de armar cigarrillos se volvió una escena habitual entre adolescentes. Lejos de ser una práctica marginal, el consumo de tabaco para armar crece especialmente en sectores medios y altos, impulsado por la idea de que es “más natural”, personalizable y, por lo tanto, menos dañino que el cigarrillo industrial. Sin embargo, la evidencia científica es contundente: no existe forma segura de consumir tabaco.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que todos los productos de tabaco liberan nicotina, sustancia altamente adictiva y compuestos tóxicos asociados a cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y enfermedad cardiovascular. El hecho de que el tabaco sea suelto o que el papel sea “orgánico” no modifica la combustión ni reduce la generación de alquitrán, monóxido de carbono y más de 7.000 sustancias químicas presentes en el humo.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) también alerta sobre las estrategias de marketing que asocian términos como “natural”, “eco” o “premium” con menor riesgo. Se trata de un sesgo de percepción: lo artesanal no es sinónimo de inocuo. De hecho, algunos estudios internacionales señalan que quienes fuman cigarrillos armados pueden inhalar mayor volumen de humo, ya que suelen carecer de filtros estandarizados y tienden a consumir más cantidad de tabaco por unidad.
En el país, datos recientes de la Sedronar (2025) muestran que el consumo de productos con nicotina en adolescentes continúa siendo relevante: 16,7% usa cigarrillos electrónicos y 13,8% consume productos de tabaco. Investigaciones del CEDES indican que el tabaco para armar alcanza al 3,4% de jóvenes de 12 a 17 años, con mayor presencia en niveles socioeconómicos altos, donde el atractivo no es el precio sino el ritual y la identidad grupal.
Especialistas en neumonología y toxicología coinciden en que la iniciación temprana incrementa el riesgo de dependencia sostenida en la adultez. Más del 80% de los fumadores comienza antes de los 18 años, según la OMS.
La moda puede ser pasajera. La adicción, no. Frente a un mercado que apela a lo estético y lo “natural”, la información basada en evidencia y el control efectivo de la venta a menores siguen siendo las herramientas más eficaces de prevención.