Residuos de medicamentos en el agua: una señal ambiental del uso irracional y de fallas en la atención sanitaria

Residuos de medicamentos en el agua: una señal ambiental del uso irracional y de fallas en la atención sanitaria

La detección de residuos de medicamentos en ríos y arroyos de la provincia de Buenos Aires expone una problemática que excede lo ambiental y remite directamente a la forma en que los fármacos se prescriben, consumen y gestionan en el sistema de salud. Un estudio del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata identificó la presencia de al menos 16 principios activos en cursos de agua urbanos y rurales, con concentraciones significativamente más altas en zonas densamente pobladas.

 

Entre los compuestos hallados se encuentran analgésicos de uso masivo, medicamentos cardiovasculares, psicotrópicos y drogas de consumo crónico. Esta diversidad refleja patrones extendidos de prescripción y automedicación, así como tratamientos prolongados que no siempre son reevaluados en el tiempo. Desde el punto de vista sanitario, la situación puede interpretarse como un indicador indirecto de uso irracional de medicamentos, tal como lo define la Organización Mundial de la Salud.

 

El uso irracional incluye la prescripción innecesaria, dosis inadecuadas o tratamientos que se extienden más allá de lo clínicamente indicado. A esto se suma una baja calidad en la prospección médica, entendida como la falta de seguimiento sistemático del paciente, la renovación automática de recetas y la escasa evaluación periódica de la continuidad terapéutica. En este contexto, medicamentos que requieren control clínico sostenido aparecen en el ambiente como evidencia de circuitos de prescripción poco ajustados.

 

La contaminación farmacológica también revela déficits estructurales en la gestión de residuos. Muchos fármacos llegan al agua a través de la excreción humana, pero también por el descarte inadecuado de medicamentos vencidos o no utilizados, en ausencia de programas eficaces de recolección y educación sanitaria. Las plantas de tratamiento de efluentes, además, no están diseñadas para eliminar completamente estos compuestos, lo que agrava su persistencia ambiental.

 

Este fenómeno no debe interpretarse como una imputación de mala praxis individual, sino como el resultado de fallas sistémicas: prescripción excesiva, débil seguimiento clínico, automedicación extendida y políticas públicas insuficientes. La presencia de medicamentos en los ríos funciona así como una señal temprana de desequilibrios en el uso del medicamento, con impacto no solo en la salud humana, sino también en los ecosistemas.

 

Abordar esta problemática requiere integrar salud, ambiente y regulación farmacéutica, promoviendo el uso racional, fortaleciendo la calidad de la prescripción y mejorando la gestión de residuos, para evitar que una práctica cotidiana termine generando un daño silencioso y acumulativo.

 

Fuente: SaberenSalud.