Molière, la medicina y el mito del amarillo: cuando la salud subió al escenario y no bajó ilesa

Molière, la medicina y el mito del amarillo: cuando la salud subió al escenario y no bajó ilesa

La noche del 17 de febrero de 1673, en el Palais-Royal de París, Molière interpretaba a Argan en El enfermo imaginario (Le Malade imaginaire). Vestido de amarillo, encarnaba a un hipocondríaco obsesionado con médicos, sangrías y purgas. Horas después de finalizar la función, tras sufrir un colapso en escena, murió en su casa. El episodio no solo selló una de las escenas más trágicas del teatro occidental: también consolidó la asociación entre el color amarillo y la mala suerte en el mundo teatral.

 

Desde el punto de vista médico, la obra es una sátira demoledora contra la práctica sanitaria del siglo XVII. Molière cuestiona la autoridad incuestionable de los galenos, el uso de latinismos como herramienta de poder simbólico y tratamientos invasivos sustentados en la teoría humoral. La medicina de la época, aún alejada del método científico moderno, recurría con frecuencia a sangrías, enemas y pócimas cuya eficacia era, en el mejor de los casos, dudosa.

 

La ironía histórica es evidente: el dramaturgo que ridiculizaba la medicalización excesiva estaba gravemente enfermo, probablemente de tuberculosis, mientras representaba a un hombre que fingía estarlo. La frontera entre patología real y enfermedad imaginada se desdibujó en tiempo real ante el público. El teatro se convirtió en un espacio donde ficción y clínica colisionaron.

 

El traje amarillo que Molière llevaba esa noche adquirió un significado supersticioso inmediato. En la tradición escénica francesa, el amarillo pasó a considerarse un color maldito. Si bien no existe relación causal alguna entre el pigmento y la muerte del actor, el teatro funciona como un sistema simbólico cargado de ritualidad. La coincidencia bastó para cristalizar el mito.

 

Así, la muerte de Molière no solo marcó un hito en la historia cultural europea; también dejó instalada una tensión permanente entre arte, salud y superstición. En el escenario donde se burló de la medicina, terminó escribiendo sin proponérselo,  una última escena sobre la fragilidad humana y el poder de las creencias.