Día de la Obesidad 2026: ¿Por qué el enfoque «sin culpa» es el único que funciona?
En el marco del Día Internacional de la Obesidad, la médica endocrinóloga Virginia Busnelli, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, plantea un cambio de paradigma: la obesidad no puede seguir tratándose con recetas universales ni bajo una mirada moralizante. “No es dieta, diez mil pasos y psicólogo. Es medicina personalizada y acompañamiento sin estigmas”, resume.
La especialista recuerda que durante siglos predominó una concepción reduccionista ,desde Hipócrates hasta Galeno, que vinculó el exceso de peso con falta de voluntad. Hoy, la evidencia científica describe a la obesidad como una enfermedad crónica y multifactorial en la que intervienen determinantes metabólicos, genéticos, hormonales, ambientales y emocionales.
En las últimas dos décadas, el conocimiento fisiopatológico avanzó de manera sustantiva. Sin embargo, persiste un problema clínico central: no todos los pacientes responden igual a las mismas intervenciones. “No existen soluciones que sirvan para todos. Necesitamos fenotipificar la obesidad, entender qué tipo de hambre predomina, cuál es la historia farmacológica, emocional y social de cada persona”, explica.
Busnelli enfatiza que la corpulencia es el signo visible, pero el síntoma es el hambre, que puede adoptar múltiples formas: saciedad precoz con hambre temprana, hiperfagia persistente o hambre emocional. Identificar estos perfiles permite ajustar estrategias que van desde cambios conductuales progresivos hasta tratamiento farmacológico o cirugía bariátrica, siempre dentro de un esquema integral y con seguimiento médico.
En el país, los datos disponibles de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo ya mostraban en 2018 que más de seis de cada diez adultos vivían con exceso de peso, una tendencia en ascenso sostenido. La obesidad, además, se asocia a más de 200 comorbilidades, entre ellas enfermedad cardiovascular y distintos tipos de cáncer, con alto impacto sanitario y económico.
Para la especialista, el desafío es doble: mejorar el acceso a tratamientos basados en evidencia y erradicar la culpabilización. “El paciente necesita un trato digno y amoroso. Cuando entiende que no es un fallo moral sino una enfermedad que requiere abordaje en equipo, cambia su relación con la salud”, concluye.