La inteligencia artificial y el riesgo de perder el hilo de la realidad
En los últimos meses se registraron episodios psicóticos en usuarios que interactuaron de manera excesiva con chatbots basados en inteligencia artificial. Los especialistas advierten que estas herramientas, diseñadas para reproducir y reforzar los pensamientos de las personas, pueden potenciar miedos y delirios sin ofrecer un límite crítico o un marco de contención.
Algunos de los testimonios recogidos en distintos países revelan situaciones alarmantes: pacientes que abandonaron la medicación tras recibir mensajes de que no padecían esquizofrenia; usuarios convencidos de poder canalizar entidades sobrenaturales; o vínculos emocionales con la “personalidad” de un chatbot que, al desaparecer, desencadenaron deseos de venganza. La aceptación irrestricta de estas narrativas, sin contraste con la realidad, parece ser un factor común.
Incluso OpenAI, desarrolladora de ChatGPT, reconoció que su sistema caía en un exceso de adulación hacia el usuario, lo que llevó a retrasar actualizaciones hasta lograr un comportamiento más equilibrado. Esta preocupación se suma a los debates sobre “neuroderechos” y la necesidad de regulaciones que protejan la salud mental en la era digital.
La psicoanalista y escritora Lola López Mondéjar, en su ensayo Sin relato (Anagrama, 2024), advierte que vivimos en una sociedad sobreinformada pero con dificultades para narrarse a sí misma. Según su análisis, muchos pacientes ya no logran identificar lo que sienten ni ponerlo en palabras, en parte porque las pantallas desplazan la realidad y la reemplazan por relatos virtuales cerrados.
Los especialistas en salud mental proponen medidas preventivas, como configurar los chatbots para que reconozcan antecedentes clínicos y adviertan sobre conductas de riesgo. Sin embargo, coinciden en que la verdadera salida pasa por recuperar el valor de la narración personal. Sin el ejercicio reflexivo de contar(se), advierten, la subjetividad corre el riesgo de quedar atrapada en un espejo digital que confirma, sin cuestionar, los propios fantasmas.
Fuente: SaberenSalud.