Cannabis entre la industria y la clínica: alertan por nuevos cuadros de adicción en jóvenes
El avance de la industria del cannabis medicinal, con ferias especializadas y eventos masivos como Expo Cannabis, convive con un fenómeno que los profesionales de la salud mental comienzan a observar con atención: el crecimiento de cuadros de dependencia asociados al uso recreativo de marihuana de alta potencia entre adolescentes y jóvenes adultos.
El médico psiquiatra y legista Federico Pavlovsky, referente en el tratamiento de adicciones y autor del libro “Psicopatología del consentimiento informado”, sostiene que el escenario cambió drásticamente en los últimos años. “Yo empecé a atender adicciones en 2003 y nunca había visto pacientes que consultaran específicamente por cannabis”, asegura. Sin embargo, hoy llegan adolescentes “que no pueden parar de fumar, no pueden hablar, no pueden sostener la facultad”, en un contexto marcado por variedades con hasta 30% de THC, frente al 2% o 3% que predominaba décadas atrás.
Pavlovsky describe a estos jóvenes como heavy users, consumidores diarios desde edades escolares que presentan cuadros depresivos y desorganización mental. “Cuando aumentás la potencia de una droga, generás otro cuadro mental, otro uso”, advierte. Si bien remarca que la abstinencia del cannabis no suele tener la gravedad de la del alcohol u opiáceos, subraya que los síntomas —irritabilidad, cambios en el sueño y el apetito— pueden ser intensos durante varios días.
La perspectiva profesional del psiquiatra también se refleja en el Dispositivo Pavlovsky, un centro ambulatorio especializado en consumos problemáticos y adicciones conductuales, desde donde el equipo acompaña procesos terapéuticos y desarrolla estrategias de reducción de daños.
En paralelo, el país impulsa el desarrollo del cannabis medicinal, con investigación, cultivo y laboratorios en expansión. En ese marco, Pavlovsky distingue con claridad: “La industria médica del cannabis y las personas que quieren fumar cannabis son escenarios distintos”.
Para los especialistas, el desafío no es desconocer los avances médicos, sino evitar que la expansión del sector derive en una banalización de los riesgos del consumo recreativo de alta potencia, especialmente en adolescentes.