Medicamentos y transparencia: cómo enfrentar un mercado vulnerable a la corrupción
El mercado mundial de medicamentos, que representa el 1,6% del producto bruto global y ha cuadruplicado su volumen en lo que va del siglo XXI, presenta una serie de desafíos que lo convierten en terreno fértil para prácticas corruptas y sobreprecios. Según advierte Federico Tobar, doctor en Ciencias Políticas, la complejidad de este sector radica en tres factores centrales: quién decide no paga, y quien paga no decide; la enorme dispersión de precios; y la presión social que genera la demanda inelástica de estos bienes esenciales.
Los incentivos espurios son variados: desde muestras gratuitas y viajes financiados para médicos, hasta demandas judiciales para imponer la compra de fármacos de eficacia dudosa, e incluso prácticas criminales. La diferencia de precios es otro factor crítico: en países de la OCDE un mismo medicamento puede costar hasta 16 veces más que en otro, mientras que en América Latina la brecha supera las cien veces, lo que dificulta definir un valor justo y favorece los sobrecostos.
A ello se suma la presión social por el acceso. En distintos países de América Latina, África y Asia las protestas por la falta de medicamentos han derivado en crisis políticas y sociales, reflejando la centralidad de este problema a nivel global.
Pese a este panorama, existen mecanismos para reducir la corrupción. Varios países han avanzado en la fijación de precios de referencia y techos para compras públicas. Brasil, Colombia y México cuentan con organismos que regulan precios y centralizan negociaciones, mientras que Chile, a través de CENABAST, intermedia pedidos y asegura precios uniformes para hospitales públicos y farmacias privadas. Uruguay, por su parte, implementó un monopsonio en medicamentos de alto costo, garantizando igualdad en cobertura y precios para todos los ciudadanos.
Las plataformas electrónicas también han demostrado ser una herramienta eficaz, permitiendo subastas a la baja y compras transparentes en Brasil, Chile y Ecuador.
En definitiva, naturalizar la corrupción en las adquisiciones de medicamentos equivale a aceptar un mito inmovilizador. Las experiencias internacionales demuestran que es posible avanzar hacia compras más transparentes, equitativas y eficientes, siempre que existan voluntad política y mecanismos regulatorios adecuados.
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