León XIV alerta por el uso de datos médicos masivos, como nueva forma de poder colonial

León XIV alerta por el uso de datos médicos masivos, como nueva forma de poder colonial

En su primera encíclica, Magnifica Humanitas , el Papa León XIV no solo habla de inteligencia artificial y trabajo: también entra de lleno en el territorio de la bioética y la salud pública con una advertencia que interpela a gobiernos, laboratorios tecnológicos y sistemas sanitarios por igual.

 

El documento parte de un principio inamovible: la dignidad de la persona humana precede a cualquier desarrollo tecnológico. Desde esa base, el Pontífice reafirma la condena de la Iglesia al aborto provocado y a la eutanasia, calificándolos de «decisiones gravemente ilícitas», y defiende el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural». No es una repetición formal del magisterio anterior: el Papa inscribe estas posiciones en el debate contemporáneo sobre la optimización del ser humano, advirtiendo que cuando la lógica del rendimiento permea la medicina, algunos pueden comenzar a ser considerados «menos útiles, menos deseables, menos dignos».

 

Esa misma lógica está en el centro de su crítica al transhumanismo y al posthumanismo, dos corrientes que proponen superar los límites biológicos mediante la tecnología. León XIV las rechaza sin ambigüedades: la fragilidad, la finitud y la enfermedad no son defectos a corregir, sino dimensiones constitutivas de lo humano. «El ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite», escribe el Papa, en lo que los especialistas consideran uno de los aportes bioéticos más originales del texto.

 

Pero la encíclica también aborda un frente menos explorado por el magisterio: el de los datos sanitarios como instrumento de poder. León XIV acuña el concepto de «nuevas tierras raras del poder» para describir cómo corporaciones tecnológicas acumulan información médica, epidemiológica y demográfica de poblaciones vulnerables, muchas veces bajo el pretexto de la investigación o la ayuda humanitaria. El resultado, advierte, es que esas empresas llegan a controlar quién accede a medicamentos, inversiones y protecciones sanitarias, configurando una nueva forma de colonialismo digital.

 

La encíclica reconoce que la IA puede diagnosticar enfermedades y mejorar la atención médica, pero exige que ese uso esté subordinado a principios éticos claros y a una gobernanza compartida, no concentrada en élites privadas. En definitiva, Magnifica Humanitas propone que el progreso en salud se mida no por su sofisticación tecnológica, sino por su capacidad de proteger a los más vulnerables.