IA y la muerte: debate bioético detrás de las imágenes de personas fallecidas, que inundan redes y medios
La irrupción de herramientas de inteligencia artificial capaces de recrear la imagen, la voz e incluso los gestos de personas fallecidas abrió una nueva controversia ética que trasciende el ámbito tecnológico. Desde videos hiperrealistas generados con IA hasta los llamados “griefbots” (chatbots diseñados para simular conversaciones con seres queridos muertos), especialistas en bioética advierten que estas innovaciones podrían alterar profundamente la forma en que las sociedades enfrentan la muerte y elaboran el duelo.
El debate cobró fuerza tras la circulación de contenidos generados con IA que recrean a figuras fallecidas como el actor Robin Williams o el líder de derechos civiles Malcolm X. Familiares de estas personalidades cuestionaron públicamente el uso de sus imágenes sin consentimiento, mientras que el desarrollo de tecnologías como Sora, de OpenAI, las patentes de Meta para mantener activos perfiles de personas fallecidas y plataformas como 2Wai profundizan las discusiones sobre los límites éticos de la llamada “inmortalidad digital”.
Desde la bioética, una de las principales preocupaciones se relaciona con el impacto de estas herramientas sobre el proceso de duelo. La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, pionera en los estudios sobre la muerte y el morir, describió la negación como una de las primeras reacciones ante una pérdida significativa. Para numerosos especialistas, la posibilidad de interactuar con representaciones digitales de quienes ya no están podría reforzar esa negación al sostener una ilusión de presencia que dificulte la aceptación de la muerte.
Otra crítica apunta al fenómeno conocido como “tecnosolucionismo”, es decir, la tendencia a presentar problemas humanos complejos como desafíos que pueden resolverse mediante tecnología. Investigadoras como Pascalle Paumen y Katleen Gabriels sostienen que algunos griefbots transforman el duelo en una cuestión técnica, desplazando dimensiones emocionales, relacionales y espirituales que históricamente fueron centrales para procesar una pérdida.
También emerge una discusión sobre la dignidad y la autonomía post mortem. ¿Quién tiene derecho a decidir si la imagen de una persona fallecida puede ser recreada digitalmente? ¿Alcanza con que se trate de una figura pública? Para los expertos, la ausencia de consentimiento explícito plantea interrogantes sobre derechos de imagen, privacidad y respeto por la memoria de los muertos.
En el fondo, la controversia enfrenta dos visiones opuestas: una que entiende la muerte como un límite inevitable de la condición humana y otra que busca prolongar digitalmente la presencia de quienes ya partieron. La pregunta que comienza a instalarse es si estas tecnologías ayudan a recordar o si, por el contrario, dificultan aprender a despedirse.