El monitor BIS, la pieza clave en la causa por el uso recreativo de propofol entre médicos
La investigación judicial sobre anestesistas acusados de utilizar propofol y otras drogas con fines recreativos y sexuales abrió una fuerte alarma en el sistema de salud. Pero además de las sustancias involucradas, un elemento técnico comenzó a llamar la atención de los investigadores: el BIS, un dispositivo utilizado para monitorear la actividad cerebral durante anestesias.
El BIS (sigla de Bispectral Index), es una tecnología empleada en quirófanos para medir el nivel de conciencia de un paciente anestesiado. El sistema analiza señales eléctricas cerebrales mediante sensores colocados en la frente y traduce esa información en una escala numérica que permite a los médicos saber cuán sedado está una persona.
Según la causa, el dispositivo habría sido usado fuera de cualquier práctica médica formal, en encuentros privados donde se administraban anestésicos intravenosos como propofol y fentanilo. La hipótesis judicial sostiene que el monitoreo cerebral era utilizado para evitar sobredosis o pérdidas totales de conciencia durante las llamadas “Propo Fest”, reuniones en las que profesionales de la salud consumían drogas hospitalarias robadas.
El propofol es un anestésico de acción rápida utilizado habitualmente en cirugías, estudios invasivos y terapias intensivas. Su uso requiere monitoreo permanente porque puede provocar depresión respiratoria severa, apnea e incluso muerte si no existe asistencia inmediata.
En ese contexto, el BIS adquiere relevancia porque permite observar en tiempo real cómo responde el cerebro al anestésico. En medicina, el objetivo es evitar tanto una sedación insuficiente como una anestesia excesiva. Sin embargo, en la investigación actual, los peritos analizan si esta tecnología habría sido utilizada para administrar dosis cada vez más profundas con fines recreativos o eróticos.
La causa tomó notoriedad tras la muerte de un anestesista hallado con una vía intravenosa conectada y restos de propofol y fentanilo en su departamento de Buenos Aires. A partir de allí, la Justicia comenzó a reconstruir una red de desvío de medicamentos desde hospitales y clínicas privadas.
El expediente también puso bajo la lupa los controles internos sobre drogas anestésicas de alta complejidad y el acceso a equipamiento médico sensible fuera del ámbito asistencial.