El Hospital Roffo en crisis: El centro oncológico universitario pide ayuda urgente para sobrevivir
En los pasillos del Instituto de Oncología Ángel Roffo conviven dos realidades difíciles de conciliar. Por un lado, profesionales y técnicos que celebran cada avance logrado a pesar de la precariedad: la incorporación de un sistema de braquiterapia con planificación 3D, una torre de endoscopía sumada el año pasado y la reciente ampliación de la guardia.
Por otro, una lista interminable de urgencias acumuladas durante décadas que hoy amenazan la continuidad de los tratamientos oncológicos en el único hospital universitario del país dedicado exclusivamente al cáncer.
La imagen más elocuente de esa crisis está en el búnker de radioterapia: el acelerador lineal permanece apagado desde mayo del año pasado, cubierto por telas, tras una década de uso que triplicó su vida útil estimada. Reemplazarlo demandaría alrededor de dos millones de dólares; repararlo, unos 400.000. Ambas cifras resultan por ahora inalcanzables para el instituto, que depende de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y no cuenta con financiamiento estatal específico para inversiones de ese calibre.
«Es el único hospital universitario dedicado solamente al tratamiento de pacientes con cáncer, con experiencia profesional reconocida y, también, con muchas necesidades», resumió Roxana Del Águila, directora general del Roffo.
Ante ese diagnóstico, la fundación del centenario hospital decidió dar un paso inédito: salir a buscar fondos privados. El primer movimiento será una gala a beneficio el próximo 29 de abril en Puerto Madero, donde se esperan donaciones de empresas, instituciones y particulares.
Las necesidades van mucho más allá del acelerador lineal. Entre las prioridades identificadas por las autoridades figura también la adquisición de un segundo tomógrafo, que permitiría cubrir de manera más ágil la demanda diagnóstica del servicio. A ello se suman refacciones edilicias pendientes en varios de los 13 pabellones del predio de Agronomía, mejoras en las instalaciones de internación y la actualización de equipamiento en distintas áreas de diagnóstico y tratamiento.
No obstante, el espíritu del personal es un contrapeso notable frente al deterioro material. Donaciones espontáneas de pañales, sillas de sala de espera y el retapizado de los sillones del hospital de día dan cuenta de una red de apoyo solidario que el Roffo supo construir a lo largo de su historia. «No importa el valor o con qué nos puedan ayudar, sino la cantidad de personas, instituciones, empresas o clubes que quieran colaborar», insistió Del Águila, resumiendo el espíritu con el que el hospital enfrenta este momento crítico.
La gala del 29 de abril es apenas el inicio de una campaña que el instituto espera sostener en el tiempo. El objetivo de largo plazo no es solo resolver las urgencias más inmediatas, sino garantizar que uno de los centros de referencia en oncología de América Latina pueda seguir atendiendo a quienes más lo necesitan, sin que la falta de recursos defina el alcance de sus tratamientos.