El Desafío del Espectro: ¿Por qué aumentan los diagnósticos de autismo?
El marcado aumento en la prevalencia del Trastorno del Espectro Autista (TEA) se ha convertido en uno de los fenómenos más relevantes para la salud pública a nivel global. Lo que décadas atrás era considerado poco frecuente hoy alcanza cifras que generan preocupación: en algunos países desarrollados, la estimación llega a 1 de cada 31 niños. Según especialistas citados por La Nación, este crecimiento no responde a una única causa, sino a una combinación de cambios médicos, sociales y demográficos.
El factor central no sería una “epidemia” biológica, sino la ampliación de los criterios diagnósticos. El concepto de espectro permitió incluir realidades muy diversas, desde personas con severas dificultades en la comunicación hasta otras con altas capacidades que antes no eran identificadas como parte del autismo. A esto se suma una mayor conciencia social y profesional: pediatras, docentes y familias reconocen antes las señales, lo que reduce el subdiagnóstico histórico.
También influyen variables biológicas y ambientales, como el aumento de la edad parental y la mayor supervivencia de bebés prematuros, que hoy acceden a controles y evaluaciones más precisas. Sin embargo, los expertos advierten que el crecimiento de los diagnósticos no fue acompañado por una expansión equivalente de los sistemas de apoyo. La denominada “brecha de servicios” deja a muchas familias con un diagnóstico formal, pero sin acceso oportuno a terapias, acompañantes terapéuticos o vacantes en escuelas inclusivas.
En la Argentina, el panorama refleja esta tendencia global con particularidades propias. Aunque no existen estadísticas oficiales recientes, organizaciones como PANAACEA y la Sociedad Argentina de Pediatría estiman una prevalencia cercana a 1 de cada 54 niños, lo que implicaría más de 500.000 personas con algún grado de TEA. El país cuenta con un marco legal sólido: la Ley 27.043 declara de interés nacional el abordaje integral del autismo, garantiza la cobertura total de las prestaciones con CUD y promueve la detección temprana.
No obstante, persisten desafíos estructurales. Las familias enfrentan demoras diagnósticas en el interior del país, trabas burocráticas con obras sociales, dificultades de inclusión escolar y una notable ausencia de políticas para adultos con TEA, especialmente en inserción laboral. Si bien la concientización social creció, La Nación destaca que aún falta información de calidad para reducir el estigma y avanzar hacia una inclusión real y sostenida.
Fuente: SaberenSalud.