La revolución de las drogas sintéticas redefine el narcotráfico y preocupa a las autoridades

La revolución de las drogas sintéticas redefine el narcotráfico y preocupa a las autoridades

El mercado mundial de las drogas atraviesa una transformación sin precedentes. Las organizaciones criminales aceleran el desarrollo de sustancias sintéticas cada vez más potentes, mientras los sistemas sanitarios enfrentan un desafío creciente: consumidores que desconocen qué están ingiriendo y profesionales que deben tratar intoxicaciones producidas por mezclas de composición impredecible.

 

La advertencia surge del Informe Mundial sobre las Drogas 2026, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que revela que 331 millones de personas consumieron drogas en 2024, un 34% más que hace una década. El organismo sostiene que el mercado ilícito nunca había sido tan amplio ni tan diverso, con 118 nuevas sustancias psicoactivas detectadas solo durante 2024, elevando a 755 el total de compuestos identificados a nivel mundial.

 

Uno de los factores que explica esta transformación es la prohibición del cultivo de amapola impuesta por el régimen talibán en Afganistán en 2022. La drástica caída de la producción de opio redujo la disponibilidad de heroína y aceleró la migración hacia opioides sintéticos como el fentanilo y los nitazenos, mucho más fáciles de fabricar, transportar y comercializar.

 

Nuestro país ya observa señales de ese cambio. Según el informe, el país se convirtió en uno de los principales puntos de circulación del denominado «tusi» o «cocaína rosa», una droga que casi nunca contiene cocaína. Habitualmente combina ketamina, MDMA, metanfetaminas, cafeína y, en algunos casos, opioides sintéticos. La ONU advierte que estos «cócteles» representan una auténtica «ruleta rusa«: ni los consumidores ni el personal médico conocen con certeza qué sustancias contienen, complicando el tratamiento de las sobredosis, que incluso pueden no responder a antídotos habituales como la naloxona.

 

El fenómeno no se limita a Occidente. El informe describe la aparición de mezclas altamente peligrosas en distintas regiones del mundo, como el «kush» en África occidental, la «agua de la felicidad» en Asia o cartuchos para vapeadores con cocaína, heroína y opioides sintéticos. Estas modalidades demuestran la rapidez con la que los laboratorios clandestinos modifican las fórmulas para eludir los controles internacionales.

 

En el ámbito local, la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires advirtió que esta «revolución de las drogas» exige abandonar una mirada exclusivamente represiva y fortalecer los sistemas de prevención, monitoreo y alerta temprana. El organismo sostiene que el crecimiento del policonsumo, la mayor potencia de las sustancias y la circulación de drogas adulteradas obligan a reforzar las políticas públicas de reducción de riesgos, capacitación del personal sanitario y acceso oportuno a tratamientos especializados.

 

Mientras tanto, el narcotráfico continúa expandiéndose. La producción mundial de cocaína alcanzó un récord superior a las 4.100 toneladas en 2024 y las organizaciones criminales incorporan drones, semisumergibles, comunicaciones cifradas y redes sociales para ampliar sus mercados. Frente a este escenario, la ONU concluye que la respuesta debe combinar seguridad, inteligencia criminal, prevención y acceso a tratamientos, ya que actualmente apenas una de cada doce personas con consumo problemático recibe atención especializada.

 

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