Datos sanitarios en alerta: la mortalidad infantil rompe una tendencia de más 20 años

Datos sanitarios en alerta: la mortalidad infantil rompe una tendencia de más 20 años

En 2024, Argentina registró un cambio estadístico preocupante: por primera vez desde principios de los años 2000, la tasa de mortalidad infantil volvió a crecer, interrumpiendo una trayectoria de descenso sostenido que se mantenía durante más de veinte años según los informes oficiales de Estadísticas Vitales.

 

La tasa que mide la cantidad de menores de un año que fallecen por cada 1.000 nacidos vivos pasó de 8,0‰ en 2023 a 8,5‰ en 2024. Este aumento, aunque puede parecer fraccionario en términos absolutos, representa un quiebre estadístico que no se observaba desde 2002.

 

Si bien la cifra de 8,5 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos aún está por debajo de los niveles históricos de décadas anteriores, especialistas en salud pública alertan que el incremento evidencia problemas estructurales en el sistema sanitario y socioeconómico. Factores como el empeoramiento de las condiciones de vida, la persistente pobreza y la menor disponibilidad de programas preventivos figuran entre las posibles causas que explican esta reversión de tendencia.

 

Las causas más frecuentes de mortalidad infantil siguen siendo las afecciones del período perinatal —como complicaciones durante el embarazo o el parto— y las malformaciones congénitas, que suman la mayor parte de los casos.

 

Además, el fenómeno no se distribuye de manera homogénea en todo el territorio nacional. Provincias con mayores niveles de vulnerabilidad social, como Corrientes, Chaco y La Rioja, registran tasas significativamente superiores al promedio nacional, mientras que distritos con mejores indicadores de salud y desarrollo, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mantienen cifras mucho más bajas.

 

Este aumento de la mortalidad infantil se produce en un contexto demográfico más amplio en el que Argentina también enfrenta una disminución constante de la natalidad, junto con desafíos como desigualdades en el acceso a servicios de salud y brechas socioeconómicas persistentes entre regiones.

 

Expertos coinciden en que, para volver a la senda de descenso, será necesario fortalecer políticas públicas de atención prenatal, perinatal y neonatal, reforzar la equidad en salud y atender las condiciones sociales que rodean el crecimiento y desarrollo de las infancias.