Cuidar la Salud Mental también es una tarea nacional
Cada 13 de octubre se celebra en el país el Día del Psicólogo y la Psicóloga. La fecha remite a 1974, cuando se realizó en Córdoba el Primer Encuentro Nacional de Psicólogos y Estudiantes de Psicología, convocado por la Confederación de Psicólogos de la República Argentina (COPRA), antecesora de la actual FePRA. En el cierre del encuentro, los participantes votaron por unanimidad instituir esa fecha. Detrás de la decisión había un reclamo más amplio: que la disciplina fuera reconocida como un campo de conocimiento propio y que quienes la ejercen tuvieran derechos laborales garantizados.
Más de cinco décadas después, el homenaje tiene otro sentido. La salud mental dejó de ser un tema que se hablaba en voz baja y pasó a ocupar un lugar en la mesa familiar, en las escuelas, en las empresas y en los medios. Pedir ayuda ya no es una señal de debilidad para una parte creciente de la sociedad, y los consultorios lo reflejan. Crece la demanda de espacios de escucha y contención, sobre todo por cuadros de ansiedad y estrés ligados al ritmo de vida actual. Un dato que circula en la agenda mediática ilustra el clima: según un informe publicado por Ámbito, uno de cada cinco argentinos recurre a medicación para afrontar el malestar emocional.
Un país con muchos psicólogos, pero con desigualdades
La Argentina tiene una particularidad que suele sorprender fuera de sus fronteras: es uno de los países con mayor cantidad de psicólogos por habitante del mundo, con estimaciones de entre 222 y 286 cada 100.000 personas. Sin embargo, la abundancia de profesionales no se traduce automáticamente en acceso. Los especialistas advierten que llegar a un tratamiento sigue siendo difícil en el sistema público y entre las poblaciones más vulnerables. La oferta existe, pero se concentra en ciertas zonas y sectores, y para muchas personas el costo, la distancia o las demoras son una barrera concreta.
Esa brecha es el desafío central. La salud mental no puede depender de la capacidad de pago ni del código postal. Cuando el acceso se vuelve un privilegio, el sufrimiento que podría atenderse a tiempo se agrava, y el costo recae sobre las personas, sus familias y la sociedad entera, que pierde bienestar, vínculos y productividad.
El marco existe, falta consolidarlo
El país cuenta con la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657, que propone un abordaje centrado en los derechos humanos y prioriza el tratamiento ambulatorio y comunitario por sobre las lógicas de encierro. Es un marco valioso, pero una ley solo cambia la realidad si se acompaña de recursos, equipos interdisciplinarios, dispositivos de atención cercanos a la gente y continuidad en las políticas públicas.
Consolidar herramientas accesibles de prevención y tratamiento implica fortalecer la atención en hospitales y centros de salud barriales, y llevar la promoción del bienestar emocional a escuelas, universidades y lugares de trabajo. También implica combatir los prejuicios que todavía frenan consultas, y formar a más personas para detectar señales de alerta en su entorno.
Una tarea de todos
La psicología de hoy ya no se limita al consultorio. Se expandió hacia la educación, la investigación y el trabajo institucional, y su aporte es clave para pensar cómo vivimos, cómo nos vinculamos y cómo atravesamos las crisis. Reconocer ese rol es parte de lo que se celebra este 13 de octubre.
Cuidar la salud mental es también una responsabilidad colectiva: escuchar sin juzgar, acompañar a quien lo necesita, exigir que el Estado garantice el acceso y entender que el bienestar emocional es una condición para vivir mejor. Este Día del Psicólogo es una buena ocasión para agradecer a quienes hacen de la escucha su profesión y para recordar que una sociedad que cuida su salud mental es una sociedad más justa.
Fuente: Ambito