Argentina y Chile, protagonistas silenciosos en la contención del brote de hantavirus del crucero MV Hondius

Argentina y Chile, protagonistas silenciosos en la contención del brote de hantavirus del crucero MV Hondius

Cuando en mayo de 2026 se confirmaron los primeros casos de hantavirus vinculados al crucero MV Hondius, muchas miradas se posaron sobre América Latina con sospecha: ¿estaba la región preparada para responder a un brote de esta magnitud? Un grupo de científicos argentinos, chilenos y uruguayos acaba de responder con contundencia en la revista The Lancet, y su mensaje es claro: lejos de una falla institucional, lo ocurrido fue una demostración de capacidad técnica y cooperación regional consolidada.

 

La carta, firmada por investigadores del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (dependiente del Instituto Malbrán, en Buenos Aires), junto a colegas de Chile y Uruguay, responde a un comentario previo publicado en la misma revista que calificaba la respuesta latinoamericana de «vigilancia débil». Los autores rechazan esa lectura y detallan una cadena de acciones que comenzó apenas se confirmaron los primeros casos.

 

Según el texto, científicos argentinos y chilenos activaron de inmediato un intercambio de información en tiempo real con organismos internacionales, y lograron reconstruir el itinerario del caso índice, lo que permitió redirigir las investigaciones hacia zonas hasta entonces no asociadas con la transmisión del virus. En el terreno, se desplegaron operativos de captura de roedores silvestres en Tierra del Fuego, Neuquén y Mendoza, además de trabajos similares en el sur de Chile y en Uruguay.

 

Pero el aporte no se limitó al plano local. Nuestro país y Chile enviaron a laboratorios de España, Senegal, Sudáfrica, Países Bajos y Reino Unido recursos clave como ARN del virus Andes, placas de ELISA, protocolos de diagnóstico y anticuerpos monoclonales. Esa cooperación técnica hizo posible más de 2500 determinaciones diagnósticas en distintos países, un esfuerzo que ya se extiende a ocho naciones adicionales.

 

Los autores insisten en que el episodio debería leerse como una oportunidad: institucionalizar los mecanismos de cooperación ya existentes, dotándolos de gobernanza y sostenibilidad a largo plazo. En sus propias palabras, la región no mostró debilidad, sino experiencia acumulada durante décadas de investigación sobre un virus que, pese a su letalidad, encontró en Sudamérica a algunos de sus mayores expertos.