Vuelve a subir la mortalidad infantil en el país: una señal de alerta social

Vuelve a subir la mortalidad infantil en el país: una señal de alerta social

La mortalidad infantil y neonatal en Argentina volvió a incrementarse y encendió una señal de alarma sobre el deterioro de las condiciones sociales y sanitarias. Según el último boletín de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), la tasa pasó de 8 por mil nacidos vivos en 2023 —el valor más bajo registrado en la historia reciente— a 8,5 por mil en 2024. El aumento, de 0,5 puntos, puede parecer marginal en términos estadísticos, pero resulta altamente significativo por tratarse de uno de los indicadores más sensibles del bienestar de una sociedad.

 

La Tasa de Mortalidad Infantil (TMI) mide cuántos bebés mueren antes de cumplir un año por cada mil nacidos vivos en un período determinado. Su evolución suele reflejar de manera directa el acceso efectivo a derechos básicos como la alimentación adecuada, el agua potable, la vacunación y la atención primaria de la salud.

 

De acuerdo con el Anuario de Estadísticas Vitales 2024, en 2023 se registraron 460.902 nacidos vivos y 3.689 defunciones de menores de un año. En 2024, el número de nacimientos descendió a 413.135 y las muertes infantiles fueron 3.513. Aunque en términos absolutos se registraron menos fallecimientos, la caída en la cantidad de nacimientos explica el aumento de la tasa, lo que confirma que el riesgo de morir en el primer año de vida creció.

 

Especialistas advierten que detrás de esta suba se encuentran fallas en las principales barreras de protección: dificultades en la nutrición materno-infantil, problemas de acceso al agua segura, esquemas de vacunación incompletos y un debilitamiento de la atención primaria. Factores que suelen impactar con mayor fuerza en los sectores más vulnerables y en determinadas regiones del país.

 

El retroceso en la mortalidad infantil no solo interpela al sistema de salud, sino que expone un cuadro social más amplio. En un país que había logrado avances sostenidos durante años, el cambio de tendencia obliga a revisar políticas públicas y a reforzar estrategias de cuidado integral para la primera infancia.