Un nuevo mapa del cáncer de vías biliares revela desigualdades sanitarias en la Argentina

Un nuevo mapa del cáncer de vías biliares revela desigualdades sanitarias en la Argentina

Un estudio desarrollado durante una década por el Intergrupo Latinoamericano de Oncología Gastrointestinal (ILOGI) trazó el registro más completo hasta hoy sobre el cáncer de vías biliares en la Argentina, un conjunto de tumores poco frecuentes pero altamente letales. La investigación, realizada en 20 centros públicos y privados, analizó 928 casos y permitió identificar patrones geográficos, factores de riesgo y características clínicas que hasta ahora no estaban sistematizadas.

 

A nivel global, la Organización Mundial de la Salud proyecta que la incidencia de estos tumores crecerá más del 75% hacia 2040. Su detección tardía —debido a síntomas iniciales poco específicos— explica en parte su alta mortalidad. En el país, la tendencia se replica: la mayoría de los diagnósticos se confirma en etapas avanzadas, cuando las opciones terapéuticas se reducen.

 

Del total de casos relevados, 577 correspondieron a cáncer de vesícula biliar, 184 a colangiocarcinoma extrahepático y 167 a colangiocarcinoma intrahepático. El estudio mostró fuertes diferencias regionales: el cáncer de vesícula biliar predomina en el noroeste y el sudoeste, mientras que los colangiocarcinomas se concentran en la zona centro y este. Según el oncólogo Gerardo Arroyo, del Cedit de Salta, estas variaciones reflejan la interacción entre factores ambientales, genéticos y sanitarios.

 

La litiasis biliar surgió como el factor de riesgo más relevante: estuvo presente en el 53% de los casos de cáncer de vesícula y en el 20% de los colangiocarcinomas. En las provincias del norte, donde hasta el 80% de la población presenta “piedras” en algún momento de su vida, el impacto es especialmente alto. Allí, en mujeres adultas, el cáncer de vesícula biliar es la tercera causa de muerte oncológica.

 

El registro también detectó antecedentes familiares de cáncer en ocho de cada diez pacientes, lo que abre líneas futuras de investigación sobre predisposición genética.

 

Los especialistas coinciden en que esta evidencia permitirá orientar políticas de prevención, mejorar la capacidad diagnóstica en regiones vulnerables y promover la consulta temprana ante síntomas persistentes como dolor abdominal, ictericia o pérdida de peso.

 

Fuente: SaberenSalud.