Celular y salud mental: lo que muestra Cómo ser feliz sobre el malestar juvenil
El debate sobre la salud mental juvenil volvió al centro de la escena con el documental «Cómo ser feliz», protagonizado por Ofelia Fernández y coproducido por Corta y Fundar. La pieza, ágil y con un ritmo que replica el vértigo de la vida digital, propone una hipótesis contundente: desde 2010 —año en que se masifica el smartphone— aumentan la depresión, el suicidio adolescente y las autolesiones. Su conclusión es directa: “es el celular”.
Aunque el documental captura con precisión un clima generacional marcado por la ansiedad, el desgaste y la hiperconectividad, la explicación monocausal resulta insuficiente. Tal como ocurre con las ideas popularizadas por Jonathan Haidt, la tesis de que las redes sociales son la causa principal de la crisis de salud mental es ampliamente discutida. Además, gran parte de los datos utilizados no provienen de Argentina, sino de Estados Unidos y estudios globales. Esto abre un vacío relevante: la necesidad de contar con evidencia local para interpretar fenómenos que atraviesan de formas muy distintas a grupos sociales, géneros y territorios.
El film también pasa por alto la complejidad del vínculo con los dispositivos. La relación de los jóvenes con el celular no es solo problemática; también es creativa, comunitaria y, para muchos, habilitadora de vínculos y oportunidades. Señalar únicamente los efectos negativos puede reforzar la polarización que caracteriza a los debates contemporáneos: tecnología buena versus tecnología mala, jóvenes víctimas versus jóvenes dependientes.
Donde Cómo ser feliz logra mayor profundidad es en sus propuestas: la recuperación de espacios presenciales como forma de contrapeso a la vida digital. Clubes, festivales, deporte y cultura aparecen como políticas de bienestar emocional y también como herramientas para reconstruir lazos sociales debilitados.
Más que demonizar la tecnología, estas ideas ponen el foco en la agencia humana, en la capacidad de diseñar entornos —físicos y digitales— que habiliten bienestar. Los nuevos medios siempre generaron alarma: de la radio a Internet, cada innovación despertó temores sobre su impacto en la mente y los vínculos. Pero reconocer esta tradición histórica no implica minimizar la preocupación actual: el uso intensivo de pantallas móviles es percibido como problemático por muchos jóvenes y merece respuestas complejas.
En ese equilibrio entre advertencia y matiz, el documental aporta al debate, aun cuando podría beneficiarse de una mirada más amplia y localizada.
Fuente: SaberenSalud.