OSPRERA y la zona gris del control: ¿quién supervisa a quienes deben fiscalizar una obra social intervenida?
El procesamiento de dos exinterventores de la Obra Social de los Trabajadores Rurales y Estibadores de la República Argentina (OSPRERA) y de dos personas vinculadas a la empresa HTech Innovation por un presunto desvío de $247,8 millones vuelve a poner bajo la lupa no sólo las decisiones adoptadas dentro de la obra social, sino también los mecanismos de control ejercidos durante una intervención.
El juez federal Sebastián Casanello consideró que Virginia Montero y Marcelo Petroni habrían participado de una contratación directa irregular que benefició a HTech, mientras que Sergio Aguirre y María Casandra Mirabelli fueron procesados como partícipes necesarios. La investigación sostiene que la empresa, creada en abril de 2024, recibió pagos de OSPRERA por servicios de consultoría y sistemas.
El caso plantea una cuestión institucional que excede la situación de los cuatro procesados: ¿cómo funciona el sistema de controles cuando el organismo que detecta las irregularidades, impulsa la intervención y supervisa al interventor pertenece a la misma estructura estatal?
La pregunta adquiere relevancia porque la intervención de OSPRERA fue precedida por una auditoría integral de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). El organismo había informado graves incumplimientos institucionales, financieros y prestacionales y propuso al Poder Ejecutivo la intervención de la entidad.
El Decreto 720/2024 estableció que la interventora debía elevar a la SSS un informe mensual sobre la evolución institucional, administrativa y prestacional de OSPRERA. Posteriormente, el Decreto 1054/2024 mantuvo esa obligación para el interventor Marcelo Petroni.
Aquí aparece la principal zona de análisis. Si los interventores tenían autonomía administrativa para contratar, la eventual responsabilidad por una contratación irregular debe analizarse en función de sus propias decisiones. Pero, al mismo tiempo, la SSS tenía funciones de fiscalización y recibía información periódica sobre la gestión.
Por eso, el expediente abre interrogantes concretos: ¿qué información recibió la Superintendencia sobre HTech? ¿La contratación fue informada? ¿Se analizaron sus antecedentes, capacidad operativa y precios? ¿Se observaron los procedimientos utilizados? ¿Qué controles se realizaron sobre los pagos? Y, fundamentalmente, ¿cuándo tomó conocimiento el organismo de las irregularidades investigadas?
Las respuestas serán relevantes para determinar si se trató exclusivamente de decisiones adoptadas dentro de OSPRERA o si existieron fallas adicionales en los mecanismos de supervisión.
La investigación periodística también registró reuniones de Aguirre con autoridades de la SSS y encuentros con funcionarios vinculados al proceso de intervención. Esos contactos, por sí solos, no acreditan participación del organismo en el supuesto fraude, pero constituyen elementos que la Justicia deberá contextualizar junto con expedientes, comunicaciones, informes y registros administrativos.
El caso OSPRERA, en definitiva, pone a prueba un principio básico de cualquier sistema de fiscalización: quien controla debe disponer de herramientas suficientes para detectar irregularidades y dejar trazabilidad de sus decisiones.
Más allá de las responsabilidades penales que eventualmente determine la Justicia, el episodio plantea una pregunta de gestión pública: cuando una obra social es intervenida precisamente por graves problemas administrativos y financieros, los controles sobre la nueva conducción deberían ser, necesariamente, más intensos y transparentes.
El desafío para la SSS no consiste solamente en intervenir entidades en crisis, sino también en demostrar que los mecanismos de supervisión posteriores funcionan de manera efectiva, independiente y verificable.
Fuentes principales consultadas:
-Normativa oficial de la SSS y del Poder Ejecutivo sobre la intervención de OSPRERA
-Código Penal argentino
-Información oficial sobre las autoridades de la SSS
-Investigaciones periodísticas de LA NACION sobre el expediente judicial