Hito en la medicina bonaerense: El Hospital Rossi y el CONICET patentan un marcapasos único en el mundo
En un hito que posiciona a la salud pública bonaerense en la vanguardia internacional, un equipo multidisciplinario de La Plata ha desarrollado un dispositivo capaz de transformar la vida de millones de pacientes cardíacos. Se trata de un marcapasos de nueva generación que, a diferencia de los modelos comerciales actuales, logra imitar la variabilidad natural del ritmo cardíaco, un avance que promete erradicar los efectos adversos de la tecnología tradicional.
Este logro es el resultado de una colaboración estratégica entre el Hospital Provincial Rodolfo Rossi, el CONICET y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). El proyecto, liderado por las doctoras Magdalena María Defeo e Isabel Irurzun, se gestó tras una década de investigación exhaustiva centrada en el Nodo Sinusal, el «marcapasos natural» del cuerpo humano.
El fin del ritmo estático Los marcapasos convencionales funcionan bajo un sistema periódico y fijo; emiten impulsos eléctricos constantes que no respetan las pequeñas oscilaciones que un corazón sano tiene entre latido y latido. Esta rigidez suele derivar en el «síndrome de marcapasos», que provoca fatiga, mareos y un remodelado cardíaco perjudicial a largo plazo. El nuevo dispositivo argentino incorpora algoritmos matemáticos que replican estas variaciones naturales, optimizando el gasto cardíaco y personalizando el tratamiento según la edad y fisiología de cada paciente.
Un baluarte ante la adversidad El proyecto, ya patentado, emerge en un contexto crítico para la ciencia argentina, marcado por recortes presupuestarios a nivel nacional. La Dra. Defeo destaca que este avance fue desarrollado íntegramente en el sector público, sin remuneraciones adicionales, impulsado únicamente por el compromiso profesional.
Para el sistema de salud bonaerense, esta innovación no es solo un logro científico, sino una herramienta de soberanía sanitaria. Al reducir complicaciones y reintervenciones, el proyecto no solo mejora la calidad de vida de los pacientes, sino que demuestra que la inversión en ciencia pública es el motor fundamental para transformar el conocimiento en bienestar concreto para la sociedad.