El poder concentrado de las droguerías en Argentina: negocios millonarios y sospechas de corrupción
El reciente escándalo que salpica a la Droguería Suizo Argentina, involucrada en audios que vinculan al exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, con presuntas coimas, volvió a poner bajo la lupa a un sector clave de la cadena farmacéutica: las droguerías.
Aunque existen cerca de 1.000 droguerías registradas en el país, un informe presentado ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia por el economista de la salud Carlos Vassallo revela que apenas tres concentran el 70 % del mercado. Se trata de Droguería del Sur, vinculada a la familia Macchiavello; Monroe Americana, perteneciente al grupo Roemmers; y Suizo Argentina, resultado de fusiones de empresas como Barracas, Junín y Suizo, controladas por la familia Kovalivker.
En las últimas dos décadas, la rentabilidad de las droguerías se redujo, lo que llevó a muchas a estrechar vínculos con los laboratorios. Sin embargo, las cámaras del sector insisten en que la relación entre ambos actores se mantiene en un plano formal y distante. Pese a ello, nadie desconoce que las droguerías tienen un rol estratégico en las compras estatales, tanto en licitaciones como en adquisiciones directas. Allí encuentran su mayor margen de rentabilidad, ya que logran saltar a las farmacias, que absorben un porcentaje elevado de ganancia.
Un aspecto destacado del sistema argentino es la amplia red de farmacias, que asegura la distribución capilar de medicamentos y mantiene precios relativamente uniformes en todo el territorio. No obstante, esta misma estructura hace que el poder de negociación de las droguerías frente al Estado se multiplique, especialmente cuando logran posicionarse como proveedoras únicas en compras públicas.
El esquema de compras públicas refuerza el papel de las droguerías. El Estado accede a medicamentos a través de licitaciones regulares en el portal Comprar y también mediante compras rápidas por compulsa, que se activan cuando pacientes judicializan tratamientos de urgencia. En ambos casos, quienes ofertan no son los laboratorios sino las droguerías. En este marco, Suizo Argentina incrementó sus contrataciones en un 2678% entre 2024 y 2025, con operaciones que incluyeron al Ministerio de Defensa.
El margen de rentabilidad es un punto crítico: exfuncionarios señalan que, en algunos casos, las droguerías han aplicado sobreprecios superiores al 200% respecto del valor original de un laboratorio, sin que existiera competencia posible. Además, la capacidad financiera de empresas como Suizo Argentina les permite comprar fármacos valuados en u$s 1 o 2 millones y luego volcar esa operatoria al mercado.
La trama se complejiza con antecedentes recientes. El caso del fentanilo adulterado de HLB Pharma, que dejó casi 100 muertes, evidenció los riesgos de un sistema donde empresarios con intereses diversos intentan penetrar la cadena. Su dueño, Ariel García Furfaro, detenido e investigado por la Justicia, controlaba las droguerías Alfarma y Glamamed, que terminaron inhibidas.
Por otro lado, el caso Suizo Argentina no es el primero en poner de relieve los vínculos oscuros entre el sector privado y el Estado. En 2010, investigaciones judiciales ya habían señalado a varias droguerías por presuntas irregularidades en contrataciones públicas. Ahora, con el nuevo escándalo, vuelve a crecer el debate sobre la necesidad de transparentar el sistema de provisión de medicamentos y de fortalecer los controles de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
La concentración del mercado, sumada a los negocios millonarios que giran en torno a la salud pública, muestra que el rol de las droguerías excede el de simples intermediarias: son actores con poder económico y político que influyen en la disponibilidad y el costo de los medicamentos en Argentina.
Fuente: SaberenSalud.