Del Cigarrillo al Celular: El Despertar de la Conciencia Cerebral

Del Cigarrillo al Celular: El Despertar de la Conciencia Cerebral

En la actualidad, ver a alguien sumergido en su teléfono en una cena o caminando por la calle es una postal cotidiana. Sin embargo, para el neurocientífico Facundo Manes, esta imagen tiene fecha de vencimiento social. Durante el 2nd Meeting of the International Alliance on Brain Health, celebrado en la sede de Ineco en Buenos Aires, Manes lanzó una advertencia provocadora: «En diez años, ver a alguien absorbido por el celular va a ser como ver a alguien fumando».

 

La comparación no es caprichosa. Así como la sociedad tardó décadas en internalizar el daño del tabaco pese a la evidencia científica, hoy estamos en un umbral similar respecto al uso abusivo de pantallas. El congreso, organizado junto a la comisión de The Lancet, planteó una agenda que trasciende los consultorios para instalarse en el corazón de la economía y el desarrollo global.

 

El «Precapital» Humano

Uno de los conceptos centrales discutidos en la cumbre fue el de salud cerebral como motor de productividad. Manes argumentó que, antes de hablar de educación o experiencia laboral, los gobiernos y empresas deben enfocarse en el «precapital humano». Si una población padece estrés crónico, ansiedad o falta de sueño, la estructura biológica necesaria para aprender y crear está dañada.

«Si no tenemos cerebro para aprender, no hay capital humano posible», sostuvo Manes ante una audiencia de líderes y empresarios.

 

El impacto es mensurable: se estima que la pérdida de capital cerebral puede representar más del 1% del PBI en países como el nuestro. Con una de cada tres personas en el mundo sufriendo algún trastorno cerebral, la salud mental ha dejado de ser un tema médico para convertirse en un factor crítico de competitividad.

 

La IA y la Revalorización de lo Humano

Frente al avance de la Inteligencia Artificial, el encuentro internacional arrojó una mirada optimista pero exigente. Mientras la IA domina los procesos automáticos y el análisis de datos, las funciones humanas como la resiliencia, la compasión, la flexibilidad cognitiva y la curiosidad se vuelven los activos más valiosos del mercado laboral.

 

Paradójicamente, la tecnología nos obligará a ser más humanos. Para que ocurra el proceso creativo (ese momento «eureka»), el cerebro necesita ocio y desconexión, algo que la saturación digital impide. La gran preocupación de los expertos no es que la IA nos reemplace, sino que nuestro cerebro se agote intentando regularla. En este nuevo paradigma, la atención se perfila como la verdadera riqueza del futuro, y protegerla será, más que una elección personal, una urgencia social.