De Houssay a la neurociencia moderna: el mate vuelve a sorprender a la ciencia argentina
Durante décadas, el mate fue estudiado principalmente por su importancia cultural y económica. Sin embargo, nuevas investigaciones de la Universidad de Buenos Aires (UBA) están revalorizando a la infusión más emblemática del país como un posible aliado para la salud cerebral. Lo llamativo es que este interés científico no es nuevo: ya en la década de 1940, el Premio Nobel argentino Bernardo Houssay había iniciado estudios para comprender los efectos fisiológicos de la yerba mate (ver www.saberensalud.com.ar/houssay-y-el-mate-archivos-olvidados-revelan-sus-primeros-estudios-sobre-la-salud/).
Un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA viene trabajando desde hace más de diez años sobre las propiedades neuroprotectoras de la yerba mate. Los resultados obtenidos hasta el momento sugieren que ciertos compuestos presentes en la infusión podrían contribuir a retrasar la aparición de la enfermedad de Parkinson, una patología neurodegenerativa asociada a la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas.
Los científicos observaron que extractos de yerba mate favorecen la supervivencia de estas neuronas y activan mecanismos celulares de limpieza conocidos como autofagia, esenciales para eliminar residuos que se acumulan dentro de las células nerviosas. Entre los componentes más estudiados aparece el ácido clorogénico, un potente polifenol antioxidante que también está presente en el café, pero en concentraciones especialmente relevantes en la yerba mate.
Aunque los resultados todavía corresponden a estudios experimentales y se requieren más investigaciones clínicas en humanos, los hallazgos coinciden con estudios epidemiológicos previos realizados en el país, que encontraron una relación inversa entre el consumo habitual de mate y la incidencia del Parkinson.
La historia adquiere una dimensión aún más interesante al conocerse recientemente documentos inéditos de Bernardo Houssay, recuperados y digitalizados por la UBA. En ellos se revela que el Nobel argentino investigó entre 1938 y 1943 los efectos fisiológicos de la yerba mate e incluso proyectaba escribir una obra que distinguiera las creencias populares de la evidencia científica disponible.
Ocho décadas después, la ciencia argentina parece retomar aquel camino iniciado por Houssay. Lo que comenzó como una inquietud sobre una bebida tradicional se transformó en una línea de investigación que busca comprender si uno de los hábitos más arraigados de los argentinos puede aportar herramientas para enfrentar enfermedades neurodegenerativas. El mate, símbolo de identidad nacional, vuelve así a ocupar un lugar destacado en los laboratorios y en la agenda científica del país.