Cuba: del modelo de Salud admirado, al sistema en emergencia

Cuba: del modelo de Salud admirado, al sistema en emergencia

El sistema de salud cubano, durante décadas señalado como referencia para países en desarrollo por organismos como la OPS y la OMS, atraviesa hoy una crisis que sus propias autoridades ya no pueden ocultar. La viceministra del Ministerio de Salud Pública (Minsap), Carilda Peña García, reconoció públicamente en televisión estatal el alcance de un deterioro que golpea desde los quirófanos hasta los consultorios de barrio.

 

Las cifras son contundentes: 95.555 personas aguardan una cirugía en Cuba, entre ellas 5.152 con diagnóstico oncológico. Cada día de espera, para un paciente de cáncer, no es un trámite burocrático: es tiempo que el tumor no detiene. Al mismo tiempo, 2.888 enfermos en tratamiento de hemodiálisis ven interrumpidas sus sesiones por cortes de agua y electricidad. La diálisis no admite postergaciones: sin ella, el deterioro es rápido e irreversible.

 

El colapso tiene múltiples rostros. Hospitales sin ascensores funcionales, sin recursos de lavandería, con infraestructura deteriorada y sin combustible para transportar insumos a los consultorios o trasladar al propio personal médico. El sistema que alguna vez presumió de un médico cada 170 habitantes hoy no puede garantizar que ese médico llegue a su puesto.

 

En el área epidemiológica, la situación es igualmente preocupante. La directora de lucha antivectorial del Minsap, Madeleine Rivera, confirmó que disponen de insecticida para combatir al Aedes aegypti (vector del dengue y el chikunguña, que ya produjo una epidemia meses atrás), pero carecen de combustible para operar los equipos de fumigación. Es la metáfora perfecta de la crisis: tener la herramienta y no poder usarla.

 

El trasfondo es conocido. El bloqueo económico estadounidense, endurecido bajo la administración Trump, impone restricciones financieras que impiden adquirir insumos para producir medicamentos, diagnosticadores y vacunas. El cuadro básico de medicamentos registra desabastecimiento en el 69% de sus renglones. La tasa de mortalidad infantil, que en 2018 era de 4,0 por cada mil nacidos vivos (comparable a la de Estados Unidos), trepó a 9,9 en 2025, más del doble de su mínimo histórico.

 

Lo más revelador no son los números sino el lenguaje de las autoridades. «La premisa es no cerrar ninguna unidad de salud», dijo Peña García. Una frase que, presentada como política sanitaria, encierra en realidad una rendición de escala: el sistema que prometió salud universal hoy aspira, apenas, a no apagar las luces.