Científicos de la UBA, desarrollan tratamiento para evitar inyecciones diarias de hormona de crecimiento
Lionel Messi es hoy el mejor futbolista de la historia, pero pocos recuerdan que su camino al estrellato estuvo marcado desde la infancia por una condición médica que requirió años de tratamiento. A los 10 años medía apenas 1,25 metros, producto de una deficiencia en la hormona de crecimiento. Para corregirlo, debió someterse a inyecciones subcutáneas diarias durante al menos tres años.
Esa experiencia, lejos de ser excepcional, es la realidad de miles de chicos en todo el mundo. La deficiencia en la hormona de crecimiento afecta a uno de cada 4.000 niños. La hormona es producida por la glándula pituitaria y resulta clave para el desarrollo infantil; cuando su secreción es insuficiente, puede generar problemas en la salud presente y futura del paciente.
Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) trabaja para cambiar eso. El nuevo método se basa en la nanotecnología (utiliza componentes casi tan diminutos como los átomos, las células o los virus), y su principal ventaja es que ya no haría necesaria la inoculación diaria, volviéndolo más eficiente y menos intrusivo gracias a la liberación controlada de la hormona en lapsos de tiempo más largos.
Los investigadores proponen un sistema basado en biomateriales nanoestructurados que permitan una liberación controlada y continua de la hormona, evitando su administración de manera diaria.
Las investigaciones involucran materiales nanoestructurados biocompatibles, compatibles con los seres vivos, fundamentales para desarrollar sistemas que brinden mejores alternativas a los tratamientos actuales.
El proyecto ya recibió un subsidio otorgado por la Human Growth Foundation, un reconocimiento internacional al trabajo del equipo y un respaldo económico para los costosos insumos que este tipo de investigación requiere.
Si el desarrollo prospera, miles de niños y niñas que hoy deben enfrentarse cada noche a una jeringa podrían acceder a un tratamiento menos invasivo y más llevadero. Lo que le tocó vivir a Messi podría quedar, definitivamente, en el pasado.