Chagas, una deuda persistente en Salud Pública en tiempos de ajuste
En un contexto de recortes presupuestarios y reconfiguración de prioridades sanitarias a nivel nacional, la enfermedad de Chagas vuelve a exponer las tensiones estructurales del sistema de salud. Aunque afecta a más de seis millones de personas en el mundo, continúa siendo una patología subdiagnosticada y subtratada.
Cada 14 de abril se conmemora el Día Mundial de la Enfermedad de Chagas, en recuerdo del primer caso humano diagnosticado en 1909 por el médico brasileño Carlos Chagas. Sin embargo, más de un siglo después, la tripanosomiasis americana sigue catalogada como una enfermedad desatendida.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre seis y siete millones de personas están infectadas por el parásito Trypanosoma cruzi, principalmente en 21 países de América Latina. La migración internacional, no obstante, expandió la enfermedad a Estados Unidos, Europa y otras regiones.
La transmisión ocurre sobre todo por contacto con las heces de insectos triatominos, conocidos como vinchucas, aunque también puede darse por vía congénita, transfusiones, trasplantes o consumo de alimentos contaminados.
Uno de los principales desafíos es su carácter silencioso. En la fase aguda, que puede durar hasta dos meses, los síntomas suelen ser leves o inexistentes: fiebre, fatiga o hinchazón ocular. Sin tratamiento oportuno con benznidazol o nifurtimox, la infección evoluciona a una etapa crónica que puede prolongarse durante décadas. Hasta un 30% de los pacientes desarrollan complicaciones cardíacas y un 10% alteraciones digestivas o neurológicas, con riesgo de muerte súbita.
El problema central es el acceso. Estudios publicados en The Lancet Infectious Diseases estiman que menos del 10% de las personas infectadas ha sido diagnosticada, y una proporción aún menor recibe tratamiento.
En los últimos años, las estrategias sanitarias se enfocaron en la eliminación de la transmisión materno-infantil, mientras que el tamizaje obligatorio en bancos de sangre se consolidó como política regional. No obstante, los especialistas advierten que cualquier debilitamiento de los programas de control, vigilancia y diagnóstico, especialmente en áreas rurales vulnerables, podría revertir avances logrados.
En tiempos de ajuste, el Chagas recuerda que las enfermedades desatendidas no desaparecen: se profundizan.