Más proteínas en la dieta: qué efectos podría tener en la salud de los argentinos la nueva guía nutricional de EE.UU.

Más proteínas en la dieta: qué efectos podría tener en la salud de los argentinos la nueva guía nutricional de EE.UU.

La reciente recomendación del Departamento de Salud de EEUU, de aumentar de forma significativa el consumo diario de proteínas no es sólo una señal para la población de norteamericana: también anticipa cambios que podrían repercutir en la salud pública y los hábitos alimentarios de países como el nuestro, donde las tendencias nutricionales globales suelen adoptarse con rapidez.

 

El eje sanitario del nuevo enfoque está ligado a tres factores: prevención de enfermedades crónicas, control del peso corporal y preservación de masa muscular, especialmente en adultos mayores. El impulso proteico responde a evidencia creciente que vincula dietas con mayor proporción de proteínas de calidad con mejor saciedad, menor consumo de azúcares refinados y reducción del riesgo metabólico. Para nuestro país, que registra tasas elevadas de sobrepeso y obesidad según estadísticas sanitarias nacionales,  la difusión de este paradigma podría reforzar campañas de alimentación más equilibrada.

 

Sin embargo, el impacto no sería uniforme. Especialistas advierten que aumentar proteínas sin educación nutricional puede derivar en dietas desequilibradas, exceso de grasas saturadas o abandono de alimentos protectores como frutas, verduras y cereales integrales. El beneficio real depende de la calidad de las fuentes proteicas y de su integración dentro de un patrón alimentario variado.

 

Otro punto relevante es el acceso. Mientras sectores de ingresos medios y altos podrían adoptar con facilidad productos enriquecidos o suplementos, los grupos vulnerables podrían enfrentar dificultades económicas para sostener dietas con mayor proporción de carnes, lácteos o alimentos fortificados. Esto plantea un desafío de equidad nutricional para el sistema sanitario argentino.

 

Desde una perspectiva epidemiológica, el cambio cultural global contra los ultraprocesados, motor central de la nueva guía, podría ser el efecto más positivo. Si la tendencia se consolida, nuestro país podría experimentar mejoras graduales en indicadores de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, patologías fuertemente asociadas al patrón alimentario actual.

 

En síntesis, la recomendación proteica impulsada desde Washington funciona como catalizador de un debate local: no se trata sólo de comer más proteínas, sino de redefinir el modelo alimentario hacia uno más saludable, accesible y sostenible. El verdadero impacto en la salud argentina dependerá de cómo se traduzca esa consigna global en políticas públicas, educación nutricional y decisiones cotidianas en la mesa familiar.