Día Internacional del Preservativo: alertas sanitarias y desafíos actuales
Cada 13 de febrero se celebra el Día Internacional del Preservativo, una fecha establecida por organizaciones de salud globales como la AIDS Healthcare Foundation para colocar en el centro del debate público la importancia de los métodos de barrera en la promoción de una sexualidad segura, responsable y libre de estigmas. Esta jornada, que coincide con la víspera de San Valentín, se propone recordar que el preservativo es una herramienta efectiva para prevenir infecciones de transmisión sexual (ITS) y embarazos no planificados, si se usa correctamente en todas las prácticas sexuales.
Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostienen que los preservativos siguen siendo uno de los métodos más accesibles y coste-efectivos para proteger la salud sexual y reproductiva, destacando que su promoción debe ser parte integral de cualquier sistema de salud pública. Sin embargo, a nivel global la compra y distribución de preservativos ha disminuido cerca del 30 % desde 2016, según informes de ONUSIDA, lo que preocupa a epidemiólogos y activistas de derechos sexuales.
En nuestro país, la situación no escapa a esta tendencia. Informes recientes señalan que la distribución oficial de preservativos ha caído de manera significativa, afectando especialmente a jóvenes y poblaciones vulnerables. Esta reducción de insumos coincide con un marcado aumento de casos de ITS como la sífilis, que se ha duplicado en las primeras semanas de 2026 comparado con años anteriores, según datos epidemiológicos oficiales.
Organizaciones no gubernamentales dedicadas a la prevención y el tratamiento del VIH y otras ITS advierten que el acceso limitado a preservativos gratuitos, junto con reducciones en campañas educativas y recortes en políticas públicas de salud sexual, debilitan los esfuerzos para controlar estas infecciones.
La conmemoración del Día Internacional del Preservativo es, por lo tanto, un llamado a revitalizar las estrategias de prevención, garantizar la disponibilidad accesible de insumos, y promover educación sexual integral como una política de salud pública que respete derechos y promueva bienestar.